martes, 13 de septiembre de 2011

A mi me habla???



¿ Cómo dice?

En las consultas hay un ejercicio que suelo proponer para develar lo que afecta: reconocer cual es el diálogo interno que venimos sosteniendo en relación a esa cuestión, y ELEGIR, un nuevo diálogo, hasta que sea un hábito, aunque al principio sea impostado y cueste.

Las historias que surgen, los reproches y las certezas no dejan de maravillarme.
Con una paciente reflexionamos sobre el “mientras tanto”, leimos una poesía de Benedetti al respecto, y vimos que en las esperas, el malestar, el enojo, el fastidio, a las cosas que hacía sin ganas la desbordaban, mientras tanto comía mucho, picoteaba cualquier cosa que la sede un poco.
Otra consultante advirtió que no terminaba muchas cosas, que tenia pendiente llamados, orden de papeles y que todas esas cosas “le pesaban mucho”. Y otra, pudo ver que tras llegar a su casa, después de dejar a los chicos en el colegio se atraconaba, tapando muchos miedos vagos y desconocidos a los que no podía poner ni siquiera un nombre.
Hay quien  sintió que se quitaba “un peso de encima” cuando le devlovió a su ex pareja ropa que aún guardaba ella.

Cuando ponemos en palabras esas raras y molestas sensaciones, surge la claridad y la posibilidad de modificar, sin que esa oscuridad tome vida propia y actúe impidiendo el dominio de los actos.
Así es como, a veces, con porfundidad, otras con humor que permite desdramatizar algo que nos angustia, buscamos “nuevos diálogos internos”.

Este ejercicio lo recomiendo a todos, no sólo para aplicar a cuestiones nutricionales.
La RISA, que puede aparecer en contraposición a una gran angustia, una palabra cómplice puede servir de alivio, una mirada conciliadora nos hace amigos de nosotros mismos, y nos quita de la soledad en la que nos imbuimos ante la adversidad de un tema que nos afecta.

Algunas frases memorables de los consultantes, fueron:

“Me voy a decir MAÑANA”, como en la última escena de la película “Lo que el viento se llevó”.

“ Me voy a decir “Continente”, asì contengo las emociones

 “Me voy a decir que estoy aprendiendo y no pasa nada si me equivoco”.

“Me voy a decir, puedo, o lo intenté”.

La única condición es que la frase sea auténtica, no una afirmación que no sea aplicable a nosotros. De hecho puede ser un chiste, no importa, lo importante es a lo que remite y que realmente podamos  usarla en esos momentos en los que estamos como poseídos por la situación.
Los resultados son sorprendentes y aliviantes.

Lindo bueno y barato, sin medicación, ni yuyos, ni magia, sólo aprendiendo a gobernar la mente.

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