sábado, 27 de agosto de 2011

TEJIENDO OPORTUNIDADES (Y DESTEJIENDO PROBLEMAS)


Estarìa bueno  poder cambiar conceptos, al encarar  problemas que llevan a reflexionar sobre la importancia de modificar hábitos. Es que, vistos de otro modo, pueden dejar de ser nada más que un problema y convertirse también en una OPORTUNIDAD.

Por ejemplo, a quienes les cuesta controlarse y comen  por demás y quieren  re educar ese “formato”, a pesar de comprenderlo, por alguna fuerza incontrolable, no se les hace posible o lo logran por un tiempo pero luego sucumben.

Entonces ahondamos, es como si estas personas dijeran con esta forma de comer y engordar:  “el cuerpo es sabio y no me deja mentir, algo pasa bastante más profundo”. Los consultantes terminan dándose cuenta que han quedado rumiando algún enojo, generalmente asociado a que el mundo no es como en quieren que sea, ergo, actúan en disconformidad, hay ruido mental,  el ruido genera calor en el estómago: hambre.

A veces estas conductas tienen que ver con exceso de exigencia, con sostener la idea de que tienen que demostrar algo.  Llega la noche y necesitan relajar, entonces... viene el atracón.  En otras ocasiones tiene que ver con el sostenimiento de algo en lo que no se cree, luego necesitan dulce, para adormecer.

Pero esto no sólo ocurre con quienes se exceden en el comer, los que no comen y son excesivamente delgados también tienen sus propias fuerzas incontrolables, que  dominan sus hábitos. 
Dos jóvenes muy delgados  vinieron a la consulta, terminamos hablando acerca de que comer implicaba crecer, madurar, ocuparse de ellos, comprar, cocinar algo, sumar kilos, y esa delgadez era sólo una pequeña parte de lo que les significaba ese síntoma. La delgadez les dio la oportunidad de replantearse cuestiones mucho más profundas, no se agotaba en el ponerse la meta de engordar.

Desde mi puesto de nutricionista no dejan de maravillarme el mar de historias que se tejen atrás de un plato de comida.

Alguien me dijo que no había nada más peligroso que una mujer  tejiendo:  con los hilos teje también ideas, pensamientos, historias. 
Algo similar es lo que veo en las conductas alimentarias: el plato armado, no armado, compulsivo, vacío, escaso… una red de tejidos que permite llegar a un profundo conocimiento sobre uno mismo, muy superior al de adelgazar o engordar.

Por eso pienso en  que serìa bueno cambiar los conceptos y referirnos  a los trastornos, dificultades, necesidades de cambio como enormes oportunidades que nos periten mejorarnos y superarnos.
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lunes, 22 de agosto de 2011

Segunda parte del fragmento de Castaneda: La Claridad



Hay una frase popular que dice: " No aclares que oscurece", cuando la claridad deja de ser una ayuda para ser un problema, por que creemos que "vemos, sabemos y o entendemos" lo que estamos haciendo, lo que va a suceder luego, perdemos el valor de la "humildad", que permite el deslumbre diario, y la capacidad de seguir aprendiendo.

He aquì el segundo enemigo de conocimiento que menciona Castaneda en "Las enseñanzas de Don Juan":


La claridad.

"...A cambio del miedo ha adquirido la claridad: una claridad de mente que borra el miedo. Para entonces, un hombre conoce sus deseos; sabe cómo satisfacer esos deseos. Puede prever los nuevos pasos del aprendizaje, y una claridad nítida lo rodea todo. El hombre siente que nada está oculto, "Y así ha encontrado a su segundo enemigo: ¡la claridad! Esa claridad de mente, tan difícil de obtener, dispersa el miedo, pero también ciega.

"Fuerza al hombre a no dudar nunca de sí. Le da la seguridad de que puede hacer cuanto se le antoje, porque todo lo que ve lo ve con claridad. Y tiene valor porque tiene claridad, y no se detiene en nada porque tiene claridad. Pero todo eso es un error; es como si viera algo claro pero incompleto. Si el hombre se rinde a esa ilusión. de poder, ha sucumbido a su segundo enemigo y será torpe para aprender. Se apurará cuando debía ser paciente, o será paciente cuando debería apurarse. Y tonteará con el aprendizaje, hasta que termine incapaz de aprender nada más.

-¿Qué pasa con un hombre derrotado en esa forma, don Juan? ¿Muere en consecuencia?

-No, no muere. Su segundo enemigo nomás ha parado en seco sus intentos de hacerse hombre de conocimiento; en vez de eso, el hombre puede volverse un guerrero impetuoso, o un payaso. Pero la claridad que tan caro ha pagado no volverá a transformarse en oscuridad y miedo. Será claro mientras viva, pero ya no aprenderá ni ansiará nada.

-Pero ¿qué tiene que hacer para evitar la derrota?
-Debe hacer lo que hizo con el miedo: debe desafiar su claridad y usarla sólo para ver, y esperar con paciencia y medir con tiento antes de dar otros pasos; debe pensar, sobre todo, que su claridad es casi un error. Y vendrá un momento en que comprenda que su claridad era sólo un punto delante de sus ojos. Y así habrá vencido a su segundo enemigo, y llegará a una posición donde nada puede ya dañarlo. Esto no será un error ni tampoco una ilusión. No será solamente un punto delante de sus ojos. Ése será el verdadero poder.

"Sabrá entonces que el poder tanto tiempo perseguido es suyo por fin. Puede hacer con él lo que se le antoje. Su aliado está a sus órdenes. Su deseo es la regla. Ve claro y parejo todo cuanto hay alrededor. Pero también ha tropezado con su tercer enemigo: ¡el poder!..."

Este fragmento continúa, pero me invita a una reflexión, en mi vida general, pero en mi rol como nutricionista en particular, en este aprendizaje constante que se abre y edita en cada encuentro y con cada particularidad, a no sentir nunca que "ya se" lo que el otro necesita, a no tener, discursos pre hechos ni dietas estandarizadas, a recuperar en cada encuentro el asombro y la sorpresa. Lo escribo como una aspiraciòn, que espero poder recordar y sostener y como una invitaciòn a que cada uno, en su puesto ( el que sea), no caiga en la inercia y el descuido.

martes, 2 de agosto de 2011

Venciendo a las propias barreras- Fragmento de Castaneda





En sesiòn surge muchas veces la importancia de transitar todos aquellos "mostruos" que nos hacen alejarnos de nosotros, muchas de esas veces recurro al fragmento de Castaneda en "Las enseñanzas de Don Juan" que hoy quiero compartir ( un fragmento) en este espacio:

"...Sábado, 8 de abril, 1962
En nuestras conversaciones, don Juan usaba a menudo la frase "hombre de conocimiento", o se refería a ella, pero nunca explicaba qué quería decir. Inquirí al respecto.
-Un hombre de conocimiento es alguien que ha seguido de verdad las penurias de aprender – dijo-. Un hombre que, sin apuro, sin vacilación ha ido lo más lejos que puede en desenredar los secretos del poder y el conocimiento.
-¿Puede cualquiera ser un hombre de conocimiento?

-No, no cualquiera,
-¿Entonces qué debe hacer un hombre para volverse hombre de conocimiento?
-Debe desafiar y vencer a sus cuatro enemigos naturales.
-¿Será un hombre de conocimiento tras derrotar a estos cuatro enemigos?
-Si. Un hombre puede llamarse hombre de conocimiento sólo si es capaz de vencer a los cuatro.
-Entonces, ¿puede cualquiera que venza a estos enemigos ser un hombre de conocimiento?
-Todo el que los venza se convierte en un hombre de conocimiento.
-¿Pero hay requisitos especiales que un hombre debe cumplir antes de luchar con estos enemigos?
-No hay requisitos. Cualquiera puede tratar de llegar a ser hombre de conocimiento; muy pocos llegan a serlo, pero eso es natural. Los enemigos que un hombre encuentra en el camino para llegar a ser un hombre de conocimiento son de veras formidables, de verdad poderosos; y la mayoría, pues, se pierde.
-¿Qué clase de enemigos son, don Juan.
Se negó a hablar de los enemigos. Dijo que pasaría largo tiempo antes de que el tema tuviera algún sentido para mí. Traté de mantener vivo ese tema, y le pregunté si pensaba que yo podía volverme hombre de conocimiento. Dijo que nadie podía decir eso de seguro. Pero yo insistí en preguntar si había algunas pistas que él pudiera usar para determinar si yo tenía o no oportunidad de convertirme en un hombre de conocimiento. Dijo que dependería de mi batalla contra los cuatro enemigos -de si podía yo vencerlos o salía vencido- pero que era imposible predecir el resultado de esa lucha.
Le pregunté si podía usar brujería o adivinación para ver el desenlace de la batalla. Dijo terminantemente que los resultados de la contienda no podían anticiparse por ningún medio, porque volverse hombre de conocimiento era cosa temporal. Cuando le pedí explicar este punto, replicó:
-Ser hombre de conocimiento no tiene permanencia. Uno no es nunca en realidad un hombre de conocimiento. Más bien, uno se hace hombre de conocimiento por un instante muy corto, después de vencer a las cuatro enemigos naturales.
-Debe usted decirme, don Juan, qué clase de enemigos son.
No respondió. Insistí de nuevo, pero él abandonó el tema y se puso a hablar de otra cosa.

Domingo, 15 de abril, 1962
Cuando me disponía a partir, decidí preguntarle una vez más por los enemigos de un hombre de conocimiento. Aduje que no podría regresar en algún tiempo y serla buena idea escribir lo que él dijese y meditar en ello mientras estaba fuera.
Titubeó un rato, pero luego comenzó a hablar.
-Cuando un hombre empieza a aprender, nunca sabe lo que va a encontrar. Su propósito es deficiente; su intención es vaga. Espera recompensas que nunca llegarán, pues no sabe nada de los trabajos que cuesta aprender.
"Pero uno aprende así, poquito a poquito al comienzo, luego más y más. Y sus pensamientos se dan de topetazos y se hunden en la nada. Lo que se aprende no es nunca lo que uno creía. Y así se comienza a tener miedo. El conocimiento no es nunca lo que uno se espera. Cada paso del aprendizaje es un atolladero, y el miedo que el hombre experimenta empieza a crecer sin misericordia, sin ceder. Su propósito se convierte en un campo de batalla.
"Y así ha tropezado con el primero de sus enemigos naturales: ¡el miedo! Un enemigo terrible: traicionero y enredado como los cardos. Se queda oculto en cada recodo del camino, acechando, esperando. Y si el hombre, aterrado en su presencia, echa a correr, su enemigo habrá puesto fin a su búsqueda."
-¿Qué le pasa al hombre si corre por miedo?
-Nada le pasa, sólo que jamás aprenderá. Nunca llegará a ser hombre de conocimiento. Llegará a ser un maleante, o un cobarde cualquiera, un hombre inofensivo, asustado; de cualquier modo, será un hombre vencido. Su primer enemigo habrá puesto fin a sus ansias.
-¿Y qué puede hacer para superar el miedo?
-La respuesta es muy sencilla. No debe correr. Debe desafiar a su miedo, y pese a él debe dar el siguiente paso en su aprendizaje, y el siguiente, y el siguiente. Debe estar lleno de miedo, pero no debe detenerse. ¡Esa es la regla! Y llega un momento en que su primer enemigo se retira. El hombre empieza a sentirse seguro de si. Su propósito se fortalece. Aprender no es ya una tarea aterradora.
"Cuando llega ese momento gozoso, el hombre puede decir sin duda que ha vencido a su primer enemigo natural."
-¿Ocurre de golpe, don Juan, o poco a poco?
-Ocurre poco a poco, y sin embargo el miedo se conquista rápido y de repente.
-¿Pero no volverá el hombre a tener miedo si algo nuevo le pasa?
-No. Una vez que un hombre ha conquistado el miedo, está libre de él por el resto de su vida, porque a cambio del miedo ha adquirido la claridad: una claridad de mente que borra el miedo. Para entonces, un hombre conoce sus deseos; sabe cómo satisfacer esos deseos. Puede prever los nuevos pasos del aprendizaje, y una claridad nítida lo rodea todo. El hombre siente que nada está oculto, "Y así ha encontrado a su segundo enemigo: ¡la claridad! Esa claridad de mente, tan difícil de obtener, dispersa el miedo, pero también ciega..."






Esta explicaciòn continùa, pero enfrentar el MIEDO, es inevitablemente un paso necesario, sobre todo cuando por costumbre, dolor o MIEDO, lo habitual es TRAGAR, al punto que pareciera que tiene vida propia y se torna incomparable.

Tengo un libro de cuentos infantiles, que menciona a un nene que no puede dormir por los monstruos que habitaban bajo su cama, hasta que se anima y los alumbra con una linterna, al hacerlo, nota que son muy pequeños, al punto tal que el los domina y puede guardarlos en su mochila para jugar con ellos cuando EL lo decida. Esa es la idea, pero necesitamos primero poner una linterna sobre esos monstruos y mirar la cara de nuestros miedos, solo asì daremos pasos propios y firmes.